martes, 7 de diciembre de 2010

Crónica de la visita al museo Sonora en la Revolución.


Por Carlos Cota Estévez.

Llegué a Ciudad Obregón, Sonora el primero de diciembre de 2010. Ese día se cumplieron noventa años de que Álvaro Obregón fue presidente de México y, con eso, iniciaría la construcción del México moderno. Por esa razón fui a visitar el Museo Sonora en la Revolución, en la colonia Zona Norte de esa ciudad.
El lugar es grande. Una casa de dos pisos, adaptada funcionalmente para convertirse uno de los mejores museos  que he visitado en México. El recorrido comienza en el segundo piso. Al subir te topas de frente con una réplica del primer avión que llegó a México: el biplano “Sonora”. Lo mandó traer Álvaro Obregón desde California para bombardear los buques de guerra de las fuerzas armadas del traidor Pascual Orozco.
El biplano fue llevado a Tucson, Arizona en tren donde fue confiscado. Luego, la gente de Obregón se las arregló para pasarlo de contrabando a Sonora. Junto al artefacto hecho de algodón y madera de bambú venían el piloto francés Didier Masson y el mecánico australiano Thomas J. Dean. Ambos construyeron y colocaron las bombas debajo de los dos asientos del biplano. Ambos pelearon por la revolución mexicana.
Luego, te encuentras con islas de material audiovisual/interactivo sobre las características del Estado de Sonora; desde su geografía hasta sus culturas autóctonas. En uno de los módulos de video, hay un documental que está narrado en lenguas nativas. El sonido, el acento de esas culturas prehispánicas, es el mismo del español actual de Sonora. Es el mismo cantadito característico. También aprendí palabras en mayo y yaqui. La mejor fue tutuli[1], que significa, hermoso.
Esta sala del museo me hizo ver que la región del sur de Sonora es única en México. Sus tribus indígenas no lograron ser sometidas por los españoles. Estuvieron en constante guerra contra los ejércitos nacionales, en especial, contra Porfirio Díaz. Su líder más importante fue el yaqui José María Leyva a.k.a. Cajeme. Los Mayos y los Yaquis se mixiaron a la sociedad mexicana hasta después de la Revolución, es decir, hasta que se patentara una distribución de las tierras más o menos equitativa y, con esto, un poco de equilibrio social.
Sobre la tierra, explican su riqueza y fertilidad a pesar de la escasez del agua, lo que sugiere ideas fantásticas sobre la región. Tal vez es por eso que sus habitantes han defendido el suelo con tanto coraje.
 En esa misma sala está la primera audio guía del museo. Es una réplica de un radio de principios de siglo veinte de donde salen unos audífonos. Ahí puedes escuchar la historia del General Álvaro Obregón en formato de radio novela.
Es un personaje muy pesado. Su primer trabajo fue como maestro en una escuela de indígenas mayos (desde chico dominó el idioma mayo). Luego empezó a trabajar en la mecánica, donde incursionó como inventor de maquinaria para el cultivo. También se dedicó a la música, la carpintería y el comercio. Después empezó a trabajar la tierra. Ahí trató de aplicar sus conocimientos de high tec de la época a la agricultura en su hacienda en Huatabampo, cerca de su natal Siquisiva. En 1911 fue electo alcalde de Huatabampo.


Como sabemos, la Revolución mexicana empezó en 1910. Para entonces Álvaro Obregón no se había incorporado a la lucha. Su primera esposa murió en 1907 y a raíz de eso se dedicó al cuidado de sus dos hijos. La radio novela del museo narra cuando el primo de Obregón, Benjamín Hill, le hace carrilla[2] por no haber participado en la lucha armada en contra del dictador Porfirio Díaz. Es en ese momento cuando el ex profe y empresario interpreneur decide incorporase a las fuerzas revolucionaras. Se convertiría en el único General invicto de la Revolución Mexicana.
La planta baja del museo está dedicada en su mayoría a este caudillo. Genio militar, con una memoria prodigiosa capaz de recordar el orden de un mazo de naipes, carta por carta, después de haberlo visto una sola vez. De igual manera podía recitar poemas completos, siendo suficiente haberlos escuchado una sola vez. Esta capacidad le ayudaría mucho en el reconocimiento del  terreno donde se encarnaba la lucha armada.


En una de las salas hay unas pantallas interactivas touch screen, donde puedes ver animaciones de cómo se efectuaron las batallas legendarias del ejército que comandaba Obregón.  Una de ellas es la batalla de Celaya, donde derrotó a la División del Norte de Pancho Villa. Ahí mismo fue donde una granada le voló el brazo derecho.
También hay pantallas con footage de diferentes épocas: de la guerra y la paz. Cuando culmina el movimiento armado, Álvaro Obregón  es elegido como presidente de México. En su período creó la Secretaría de Educación y Cultura, la cual tenía como principal objetivo llevar libros clásicos de literatura y filosofía a todos los rincones del país. Promocionó el arte plástico de los gigantes: Rivera, Clemente Orozco y Siqueiros.
La última sala del museo está dedicada a la vida de Obregón después de su presidencia. Regresó a Sonora a impulsar nuevas tecnologías de cultivo y a incursionar en negocios vanguardistas. Entre ellos está un negocio de combustible alternativo para autos. No hay datos sobre esto en el museo, pero lo comparto para entender  la manera de pensar del ex presidente sonorense sobre el medio ambiente y el efecto nocivo del petróleo, tanto a la naturaleza como a la geopolítica.
Mientras fue presidente, Álvaro Obregón nombró a Ramón López Velarde como poeta nacional por su poema La suave patria. Esta gran obra, en unos de sus versos dice:

El niño dios te escrituró un establo
Y los veneros de petróleo el diablo.

El  recorrido del museo termina de forma un poco brusca. Se expone la máscara que le hicieron al cadáver de Obregón cuando cayó asesinado en 1924. Creo que merecía un final distinto, tal vez, más poético.
 No hay que buscar mucho. Este gran estratega y estadista dictó a la historia en versos cadenciosos cuál es el carácter de esa nueva patria que hoy añoramos; solo falta recordarlo y honrarlo.
No me queda nada más que recomendar que visiten este lugar, si tienen la oportunidad. Con tanta basura mediática sobre el bicentenario y el hartazgo que nos causa hay una solución definitiva: informarse.


[1] Existe una carreta de hotdogs en Hermosillo, Sonora que, sin duda alguna, son los mejores hotdogs del mundo. El establecimiento es conocido como “los tutuli”, porque están ubicados en una plaza que lleva ese nombre. Saber el significado de tutuli, simplemente redondea una explicación cosmogónica sobre lo que es hermoso.

[2] Término coloquial para referirse a la acción de burlarse a manera de broma sobre algún asunto y/o persona.

1 comentario:

  1. fe de erratas: la muerte de Obregón es en 1928, no 1924.
    Carlos Cota Estévez.

    ResponderEliminar