
Me gustaría hablar de la tragedia en la guardería ABC, no periodísticamente. Podemos encontrar la narración de la historia en casi cualquier medio a nivel internacional. Me gustaría solamente expresar un poco del sentimiento que traigo dentro...
Recuerdo hace muchos años a una amiga guerrillera en la universidad, nunca entendí su pasión por la lucha, pensaba que era exagerado arriesgarse y sí, se arriesgaba con las causas que consideraba importantes. Un año después de conocerla la tomaron presa en las manifestaciones de Atenco. No volví a saber nada de ella.
Una noche de invierno en ciudad de México un par de locos dispuestos a matarme por unos centavos apuntaron su arma en mi cabeza. Estaba paralizada, uno siempre piensa lo peor… y tuve suerte de que solo quisieran mi dinero. Nunca volví a caminar igual entre las calles oscuras.
Antes del 5 de junio vivía con un miedo particular que no era mío, nos habían criado para sentirnos de este modo. La sociedad, quizá, había construido una base sólida para evitarse los problemas y el cuestionamiento constante.
Todos sabemos de cierto que rebelarnos cuesta caro: la familia, la vida, el status-quo. Sabemos lo que le pasa a las mujeres rebeldes, a las que se levantan y alzan su voz, a toda esa gente que se atreve a ser diferente o hacer cosas diferentes por su sociedad mexicana. ¿Sabemos el final de ellos, no? Conocemos el caso de Digna Ochoa, las historias de Lydia Cacho, pero también el de todas esas mujeres y hombres que son nuestros vecinos, compañeros de trabajo, hermanos, hermanas, esos que hemos visto “fracasar” socialmente por tratar de mejorar o peor aún, los que lloran a escondidas y pierden toda esperanza.
Yo he sido muchas clases de mexicano, he sido un mexicano pasivo y conformista, he sido rebelde e irreverente, he traicionado y he contribuido con este sistema corrupto y desintegrado. Acepto la parte de mi responsabilidad.
Después de la tragedia ABC me di cuenta que había vivido demasiado tiempo preocupada por tonterías. Trataba de encontrar razones y mi mente no funcionaba, porque si yo como parte de la "juventud" mexicana no me arriesgaba a cambiar el mundo ¿entonces quién lo haría?
Por primera vez decidí que el miedo ya no debería ser parte de mi vida.
Ahora que he despertado, ahora que tengo el valor me he hecho la promesa de al menos, decirlo. Sé que existen muchos que lo critican, para ellos es “solamente hablar y quejarse” pero para mí, es un principio, es el primer paso para construir un lugar diferente.
¿Si no sabemos lo que somos y lo que pasa entre nosotros, cómo querer mejorar las cosas?
Estamos a un año de una tragedia que nos duele profundamente a Sonorenses, mexicanos y mundo entero; este horror representa también el bicentenario de situaciones no resueltas, corrupción, injusticias en miles de casos silenciados.
No tengo una repuesta y quisiera tenerla, quisiera darle “la solución” a la ciudad, país, mundo, supongo que esa se tiene que construir en equipo a través de los años.
Algunos se acercan a mí, me dicen que marchar en manifestaciones o expresar su opinión respecto a cualquier tema relacionado “no tiene ningún sentido”, yo solo sé que los días que estuvimos manifestándonos en apoyo a los padres de la guardería ha sido la única vez que he visto a todo tipo de gente, diferentes clases sociales, colores, gustos y credos, UNIDOS. Todos aquellos valientes que arriesgan sus trabajos y posiciones por defender una causa.
No sé nada. No tengo gran fuerza física, no soy brillante y no me considero omnipotente; pero tengo estas manos, voz, unos ojos cansados de ver la misma basura. Hoy ya no tengo miedo de esos que se creen nuestros "salvadores políticos", ni de sus represalias, ni de que sean muy hombres o muy mujeres.
Los invito a que por primera vez en mucho tiempo, volvamos a no temer de ser lo que somos y luchar, luchar cada día de nuestras vidas por no quedarnos desalmados.
Con mucho amor y respeto a los niños de la guardería ABC, y a todos los niños del mundo.
Movimiento 5 de junio
Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de Junio para lograr que el crimen que nos arrebató a nuestros hijos no quede impune.
Por: Lolita Terechkova (terechkoboba@hotmailcom)
Ilustración: Tania León